Viviendo el mundial 2010

España Campeones del mundo 2010

Si, hay una persona trepando por el mástil de la bandera (encima del tipo con el número 9)

Para que veáis lo que me ha motivado la renovación y paso del viejo bosón de geeks al nuevo (el que estáis viendo) me he animado a escribir un artículo sobre muchas cosas que tenía en mente desde que comenzó este mundial 2010.

Tengo que decir que me gusta seguir el fútbol (al igual que otros deportes) pero, sobre todo, me encanta por el hecho de verlo en compañía. Antes de que empezara el mundial recordaba la emoción con que viví junto a mis amigos la pasada Eurocopa, donde comenzó a gestarse lo que ahora ha culminado como el gran éxito del fútbol Español. Sin embargo, además de la victoria deportiva en la Eurocopa, lo que yo recuerdo es la intensidad con que viví los partidos junto a mi grupo de amigos: cervecitas, aperitivos y cenas varias, intensidad, nervios, gritarle a la pantalla, abrazarnos al celebrar los goles, la tensión en la ronda de penalties… Todo un cúmulo de vivencias que, sinceramente, dudaba si podrían repetirse en el mundial.

Para mi alegría, la situación no sólo se repitió, sino que se amplificó hasta límites insospechados. Paso a relatar mi vivencia del mundial, para que quede para la posteridad.

Empecé mal, al igual que la selección. El primer partido, vs Suiza, coincidía con la hora de la siesta, además de que todos mis amigos trabajaban. Total: visionado en casa, unas palomitas y algún refresco y una siesta que me perdí por ver un partido que acabó con mal rato. A partir de ahí, la cosa cambió: partidos en fin de semana o a horarios donde ya se podía quedar en pandilla. Mi casa fue designada como sede oficial para los visionados del mundial, así hacíamos uso del FullHD de Digital+ para ver los partidos en condiciones y, tras pasar la primera ronda de liguilla con bastante incertidumbre, vivimos cada día al límite de nuestras fuerzas. Cada partido nos podía mandar a casa, así que nos reunimos y preparamos el evento como si no hubiera un mañana, con una serie de rituales que se iban repitiendo e intensificando a cada partido:

  • Comidas cada vez más elaboradas y copiosas: desde los sencillos sandwiches, patatas y palomitas hasta gazpacho, tortillas, jamón, queso, postres variados, brindis con champán…
  • Atuendo acorde a la magnitud del evento que se estaba viviendo: camisetas rojas, caras pintadas, trompetilla (alias minivuvuzela) para celebrar los goles, bandera ondeando en el balcón…
  • Sucesos paranormales de adivinación: mi padre, al escuchar el partido por la radio -la emisión en HD va con retraso- ejercía de especie de oráculo vaticinando las jugadas.
  • Repetir el comentario del 3D: Un balón va fuera pero parece que es gol “esto con el 3D no pasa” (sin haber visto nunca un partido en 3D…).
  • No entender nada de lo que comenta Michael Robinson, y sorprendernos siempre de que todavía no esté castellanizado ese hombre.
  • Repetir el comentario: “Hoy puede ser el último partido de Iniesta” -en referencia a la apariencia espectral que tiene- y comparalo con Julian Ross -si alguien no lo conoce, de la serie Campeones, que estaba enfermo del corazón y cada vez que jugaba podía sufrir un infarto-).
  • Gritarle a Torres
  • Pedir que entrara Silva, sin saber muy bien por qué.
  • Reírnos de lo pegada que le está la camiseta a Llorente.
  • Sorprendernos continuamente de lo bajitos que son Xavi o Villa.
  • Comentar reiteradamente ¿por qué somos la roja, si casi siempre jugamos de azul?.
  • Abrazos, gritos y celebraciones saludando a los del balcón de enfrente.
  • Salir después del partido a ver cómo la gente hace el loco por las calles.
  • Apuntarnos nosotros a hacer el loco y celebrarlo por todo lo alto después de la final.

Después de hacer todo esto y hablar con otras personas sobre el mundial hubo alguien que me comentó: “yo también me emocioné con la final y luego me fui a celebrarlo, y eso que no me gusta el fútbol”. Me puse a recordar todos los buenos momentos vividos tanto de la Eurocopa como ahora en el Mundial y pensé ¿y qué tiene todo esto que ver con el fútbol?.

Es una celebración, una fiesta, un motivo para pasárselo bien con otras personas, solo que se ha conseguido que esas “otras personas” sean todo un país.

Hay quien dice que es triste, frívolo que un país se paralice y luego enloquezca con algo tan banal como un deporte, un juego. Razón tienen, pero más vacío me parece no emocionarse, no utilizar la excusa del fútbol -o cualquier otro motivo de alegría- para vivir algo grande. Ojalá los seres humanos tuviéramos la facultad de movilizarnos con tanta intensidad por causas más nobles y justas, pero eso no desmerece que lo hagamos también por otros motivos.

Pasa como en foros, redes sociales, mundos virtuales… donde sus usuarios se suelen asociar para conseguir algún objetivo común. Son mucho más dados a movilizarse y actuar para cambiar lo que les parece injusto. Campañas de este estilo han frenado muertes por lapidación, reabierto casos con pruebas dudosas, fomentado la ayuda a personas u organizaciones que las necesitaran y, en definitiva, hacer reales cambios que las personas no tienen voluntad para hacer en el mundo real.


Como dice este artículo, lo que el mundo necesita es un Epic Win, algo que nos motive a dejar nuestra pasividad, movernos y cambiar el mundo.  Por ahora tendremos que conformarnos con que las uniones se produzcan para fines menos nobles pero, al menos, es un comienzo.

Bonus:

Espectacular galería de fotos del mundial.

La imagen de cabecera de este artículo es nuestra, con licencia Creative Commons.

Comentarios

  1. dice

    Yo la verdad es que no soy muy futbolero pero si que es cierto que cuando se está con los amigos en casa de alguno viendo un partido es emocionante y divertido
    Yo lo que no soporto es verlo en un bar, hay demasiado animal suelto allí para mi gusto.

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